Careo/¿Tenemos identidad?

Por Viridiana Peralta

@peartall

¿Necesitamos disfraces para no mostrar lo que realmente somos? ¿Es posible que seamos adictos a la búsqueda de escenarios momentáneos en los que podemos comportarnos de manera distinta? Soñamos, reímos, mentimos y entramos en furia…

¿Qué les parecería tener un careo con ustedes mismos, con alguna de sus variables? El humilde contra el del ego alto; el fuerte contra el indefenso… Grandes “agarrones” surgirían.

O tal vez con algún personaje público que, en su malvada identidad, tuviera que dar muchas explicaciones. ¿A quién citarían? ¿Creen que ese personaje saldría vivo?

Careo, es un concepto teatral con tintes de performance que se presenta en el Foro la Gruta, dentro del gustado y sureño Teatro Helénico.

No es una obra de teatro, el escenario es distinto: no hay butacas, ni cortinas bajando y subiendo. Sólo —aunque a primera vista tal vez no es posible distinguirlo así— un cuadrilátero de lucha libre que sirve como plataforma, sobre la cual, se encuentra el actor y donde 11 valientes espectadores asoman sus cabezas y son parte de la representación y del juego. El público restante está sentado en sus sillas, sillas de arena de lucha libre.

Con mucha energía, Richard Viqueira (actor y escritor) representa la historia de un luchador que toda su vida ha tenido la cara cubierta, obsesión iniciada desde la infancia; primero como un juego, para después, en la adolescencia, ganarse unos pesos y, finalmente, como adulto para convertirse en un luchador profesional. En esta última etapa, el tenerse a sí mismo como rival, lo sume en una fuerte catarsis sobre su falta de identidad y personalidad.

Esta pieza teatral salta como luchador en ring por varios estados de ánimo; es posible reír y luego dedicarte a reflexionar un poco. En algunos es evidente el hastío, por la confusión que genera no tener identidad, pero el mensaje es tan bueno que vale la pena aventurarte e ir a experimentar.

Viqueira hace referencia a aquellos personajes que han sido quienes han sido, por cubrir sus rostros. Incluye una simpática crítica de lo que implica tener rostro y ser “alguien”; así es que utiliza máscaras, sogas y demás objetos vivos y muertos que le ayudan junto con los actores voluntarios —quienes nunca renuncian al Careo— a transmitir el mensaje.

¡Faltaba más! No deja de aprovechar la oportunidad para hablar de uno que otro personaje popular no tan querido, así es que los “hurras” y los “abucheos” se hacen presentes.

Muy bien por la producción, muy originales los juegos con las luces, la ambientación y los efectos. La actuación es buena, arriesgada, irreverente y, repito, muy, pero muy enérgica.

“Lo paradójico de la sociedad es que te sanciona si no tienes identificación y te agradece que no tengas identidad”.

Daniel jpr


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